Droga

Se cuelgan cruces en la conciencia, las palabras son gratis, y un beso vulgar y terco sale de las fauces de una necesidad escuálida, adicta, casi enferma. Triunfas tanto en el vacío que la paz se hace ligera, en el árbol crecen llagas y entre el vicio de sus ramas, tres gallinazos vuelan.

Esperando

Cambian las corrientes de los mares,
se hacen de hierro los espejos
los amantes se esconden en conciencias trasnochadas
y una flor se queda sin qué contar

Cuántos errores cuentan para un adiós
Cuántos perdones, para liberar al ser de la razón
Siento que un día volveré por partes a tu vida
Ese mismo día, dejaré a tu puerta mi corazón

No me fui

Aún espero ese avión que saldría de mi pecho para aterrizar en un lugar mejor. Tú estás ahí sentada con mi madre junto al letrero de partidas. ¿Cuántas partidas se darán en las mismas condiciones –divago- de esas que no son para irse lejos pero sí para caer profundo? Tú sin embargo no miras, lo sabes, y cada ruido de turbina se convierte en un sobresalto que solo es notorio en la dilatación luminosa de tus pupilas. Cada cruce de miradas es un ensordecedor eco en nuestras cabezas, que me nombra, que te nombra, que me quieres lejos y me sientes cerca.

Así pasan las horas, los días, los años; sigo volando cada vez más lejos de ti, pero aún no aterriza el maldito avión.