de Fernando Artieda, maestrazo. (un trocito no más porque es largo, jeje)

Yo sé que tú lo dudas que yo te quiera tanto;
si quieres me abro el pecho y te entrego el corazón.
Y le llegó su Caimán, su Julio Verne, por eso de que De La Tierra la Luna,
de que Viaje al Centro de la Tierra, cosa tan triste...
Y fue como si anduvieran ofreciendo la muerte a domicilio,
porque de pronto se encendieron las rocolas en el Pollo Loco, en el Chuzo Engreído,
en el Noteahueves, y la voz del man entró así, con todo, por las ventanas de las casas,
por las goteras del techo, por las rendijas de las cañas separadas.
En las esquinas la biela zumbaba y la gente no hablaba sobre él,
porque para qué iban a hablar, si el pueblo sabe que de esas cosas nunca se habla.
En el café de los intelectuales la cosa se estaba poniendo kafkiana
cuando pasó Caraebandido y les dijo:
“que qué Gabo ni la gavers, ¿no ven que se ha muerto el man?”
"¿Cuál man?”
Cuál man preguntaron los desenchufados
y Caraebandido, con esa dignidad característica de los ladrones de barrio y los poetas:
“¿Cuál man más va a ser, pues gil?
¿Habrá algún otro más bacán que Julio Jaramillo? ... (...)