Eres mi vida toda


Eres mi vida toda
La tuya que a veces pierdo y la mía que a veces tengo y no encuentro,
o no entiendo pero pesa, o no pesa pero la pienso
o no la pienso pero la extraño y me pone lento
que se yo…
Eres mi vida toda
Que al fin y al cabo te nombra y no sería nada sin ti.

Mundo niño


Es el mundo niño que fabrica caprichos, que engaña desvergonzadamente a la cuerda floja de la lengua, de los ojos, de la mente. Es una línea exacta contra corriente que marca el turno de los que sienten, que no duerme ni esta despierta, que sólo observa, observa y observa.

Color Verde


No existe en el cielo una nube perfecta, no hay un espacio de color verde en un reprimido témpano de ausencia. Pero hay siempre una mirada fija, una palabra oculta, una voz de tacto, hay virtud, pasión e inteligencia; y es un alivio cuando decides que nada de esto está escondido detrás de algún amanecer, sino en ti.

El Peso

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Mi amor tiene el peso de la angustia,
mi amor recuerda lo que te hace llorar,
hace el intento de deslumbrarte
de verse como el primer día de amar

que cansado se ve el puente desde aquí parado
que cansado estar de pie donde nunca debí estar

cuando la sombra se enreda al talón de cada madrugada
se detiene el viento sobre las alas
se parten las piedras sobre la almohada
y los gestos quedan tendidos en un intento de abrazar.

Droga

Se cuelgan cruces en la conciencia, las palabras son gratis, y un beso vulgar y terco sale de las fauces de una necesidad escuálida, adicta, casi enferma. Triunfas tanto en el vacío que la paz se hace ligera, en el árbol crecen llagas y entre el vicio de sus ramas, tres gallinazos vuelan.

Esperando

Cambian las corrientes de los mares,
se hacen de hierro los espejos
los amantes se esconden en conciencias trasnochadas
y una flor se queda sin qué contar

Cuántos errores cuentan para un adiós
Cuántos perdones, para liberar al ser de la razón
Siento que un día volveré por partes a tu vida
Ese mismo día, dejaré a tu puerta mi corazón

No me fui

Aún espero ese avión que saldría de mi pecho para aterrizar en un lugar mejor. Tú estás ahí sentada con mi madre junto al letrero de partidas. ¿Cuántas partidas se darán en las mismas condiciones –divago- de esas que no son para irse lejos pero sí para caer profundo? Tú sin embargo no miras, lo sabes, y cada ruido de turbina se convierte en un sobresalto que solo es notorio en la dilatación luminosa de tus pupilas. Cada cruce de miradas es un ensordecedor eco en nuestras cabezas, que me nombra, que te nombra, que me quieres lejos y me sientes cerca.

Así pasan las horas, los días, los años; sigo volando cada vez más lejos de ti, pero aún no aterriza el maldito avión.